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Qué es un niño

Trabajamos con personas. Las personas son importantes. Tienen valor intrínseco, por sí mismas. Son buenas, con independencia de sus capacidades, su actitud, etc. Sus acciones tal vez sean malas o incorrectas o inadecuadas, pero no lo son las personas.

Un niño es una persona aunque tenga un cuerpo pequeño. Este es un aspecto esencial que debe impregnar toda nuestra labor como educadores y nuestras relaciones personales cotidianas, pero cuya ausencia destaca especialmente en la forma en que se suele tratar a los niños cuando su comportamiento no se ajusta a las expectativas del adulto o a lo que las normas sociales establecen como adecuado.

Que es un niño

 

Cuántas veces no se emiten juicios de valor como decir a un niño que es malo cuando ha hecho algo que tal vez sólo es malo desde nuestro propio pu

nto de vista, desde nuestra propia comodidad, o tal vez sólo sea que el niño ha hecho algo que es bueno, pero le ha salido mal, lo que en realidad no es malo, porque significa interés por hacerlo bien, por a

prender... y, sin embargo, se le dice que es malo... bien si eso es lo que se quiere que sea lo será, le terminaremos convenciendo.

¿No sería mejor decirle qué es lo que ha hecho mal para que las cosas se torcieran y permitirle seguir experimentando dando algunas pistas de cómo conseguir mej

ores resultados? Incluso lo que se interpreta como mala intención por parte del niño se puede llegar a comprender si se entiende un poco más a fondo lo que es la persona, cómo se desarrolla y cómo cambia su punto de vista respecto a lo que le rodea, determinando lógicamente sus cambios de actitud y comportamiento.

Un niño, como cualquier persona, cuando no conoce algo, necesita aprenderlo. La actitud del interlocutor del niño determinará en gran medida su disposición para escuchar y la posibilidad de que aprenda algo de él. ¿Cuál debe ser esta actitud? Comprensión y juego.

Un niño tiene su universo de ideas, conceptos y pareceres sobre lo que le rodea y ve la vida como un juego. De hecho la vida es un juego con sus reglas, barreras y metas. Tiene muchas ganas de aprender todo, hasta el punto que se mete en problemas cuando quiere experimentar algo intentando tocar el fuego, meter los dedos en los enchufes...

 

"La vida es bella" de Roberto Beninni es una bonita metáfora de cómo la experiencia más atroz se puede convertir en un juego gracias a lo cual se sobrevive y se aprende.

Poner el aprendizaje como un juego es ganarse la completa atención y la colaboración del niño de cualquier edad (la edad, como veremos más adelante, sólo determinará qué clase de juego es el más adecuado) y poder, con ello, enseñarle las reglas, las barreras y las metas de cualquier actividad, no sólo en el agua, también de la vida.

La fuerza, la imposición y no entender al niño producen su protesta y rechazo hacia su interlocutor y hacia lo que este le trata de imponer. El niño así tratado se siente incomprendido e incapaz y empieza a cometer errores. Por esto es muy importante comprender al niño, que se entre en su realidad y se le enseñe usando una actitud de "niño grande", explicándole y ayudándole en las metas a conseguir, mostrándole las barreras y las reglas y, cosa muy importante, valorando su victorias.

Así tenemos niños felices y capaces de poner en práctica lo que les enseñamos y pueden así tener la capacidad de controlar su cuerpo en el agua y también fuera de ella aprenda algo de él. ¿Cuál debe ser esta actitud?

Comprensión y juego.

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